NFTs y la venta de la obra de Gustav Klimt

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Para celebrar el día de San Valentín 2022, el Museo del Palacio Belvedere de Viena en Austria decidió dividir la obra El Beso de Gustav Klimt en 10.000 fragmentos, cada uno constituyendo un NFT distinto que fueron vendidos por separado por un valor de €1,850 cada uno. En el marco legal, esto ha generado la discusión si se trata de una cesión de derechos de autor. La firma de abogados CMS se encargó de toda la estructuración legal del proyecto a través de su equipo en Viena y desde la oficina en Bogotá nos dan luces sobre el proyecto.

 

Para empezar, un NFT significa token no fungible, y designa un objeto único, que no se puede reemplazar con otra cosa idéntica. En el caso de esta pieza, el objeto es desmaterializado y criptográfico. El NFT se puede asimilar a una obra de arte por su exclusividad y carácter único, pero en la dimensión digital, debido a que se ejecuta por medio de la tecnología blockchain.

 

“Para dar un ejemplo conocido por todos: El cuadro más famoso de la historia, la Mona Lisa de Leonardo da Vinci, tiene millones de copias y versiones. Cualquier persona puede tener una copia de la Mona Lisa en su sala, pero a pesar de que todas las copias son muy parecidas, todos sabemos que hay un único original en el Museo del Louvre en París. Con los NFTs pasa lo mismo. Son elementos digitales, y también pueden ser copiados infinitamente, pero sólo hay un original.” aclaró Lola Kandelaft, Asociada Directora del equipo de propiedad intelectual de CMS Rodríguez-Azuero.

 

Poseer una obra de arte en la era digital significa lo mismo que una obra de arte de la era análoga, aunque cada uno en su categoría. Pero incluso aunque las primeras obras de la era análoga que vienen a nuestra cabeza sean pinturas o esculturas, hay otras más “etéreas” como los NFTs y cuya apreciación requiere un vehículo complementario, como, por ejemplo, una instalación, un performance o un happening.

 

Al igual que en el mundo real, cuando hay una venta de una obra de arte plasmada en un lienzo, no se transfieren los derechos de propiedad intelectual al comprador. Estos derechos se quedan en cabeza del autor, salvo que exista un contrato de cesión de derechos explícito. De lo contrario, el comprador adquiere un bien material, o en el caso de los NFTs, inmaterial, pero no derechos de propiedad intelectual.

 

Ahora bien, los derechos de propiedad intelectual no son eternos, y en la mayoría de los territorios, los derechos de autor caducan entre 60 y 100 años después de la muerte del autor. Gustav Klimt falleció en el año 1918 y, por lo tanto, la obra original ya se encuentra en el dominio público.

 

“Los NFTs son obras como cualquier otra y, pueden existir obras digitales derivadas, es decir, una obra intelectual creada a partir de una u otras ya existentes. Sin embargo, para que estas últimas se beneficien de la protección otorgada por los derechos de autor, tendrían que satisfacer el criterio de originalidad. En este caso, el museo simplemente dividió la obra El Beso en 10.000 fragmentos cada uno de la misma medida, así que difícilmente podrían considerarse obras derivadas. De esta manera no se considera que haya derechos de propiedad intelectual en este caso.” afirmó Karl Mutter, Socio y Colíder del área de Propiedad Intelectual de CMS Rodríguez-Azuero.

     

La principal desventaja de tener un NFT es que no lo puedes poner en tu sala, que es el uso que los no inversionistas o coleccionistas profesionales queremos hacer con nuestras obras de arte. En el caso de El Beso, una imagen de 1/10.000 de la original, no se entenderá de manera gráfica. El mayor beneficio de los NFTs es que los vendedores y compradores pueden probar fácilmente que el arte es genuino, cosa que con las obras de arte “tradicionales” no es siempre fácil.

  

“En CMS estamos muy orgullosos porque este caso es uno de los primeros en los que una obra de arte clásica y conocida en todo el mundo hace la transición al mundo NFT. Como con cualquier otra obra de arte, el precio lo da el mercado. Podemos hacer un mamarracho en una servilleta o hacer un NFT, y nadie lo compraría. Si el mamarracho lo hizo Picasso, el mercado está dispuesto a pagar más. Mucho más. En el caso de El Beso, cada fragmento se vendía en €1,850. En el futuro veremos si el precio sube o baja cuando los compradores lo ofrezcan en el mercado.” concluyó Karl Mutter.